El primero
de muchos, claro.
Hace un
par de días llegué de vuelta a Antofagasta, después de pasar unos días con
ustedes en Viña. Siempre se hacen pocos, siempre se pasan rápidos. Los trato de
llenar de actividades, trato de levantarme temprano, tomar desayuno y
disfrutarlas a las 3, pero nunca es suficiente. Además, vieran lo que cuesta
levantar a una mujer. Y yo tengo 3.
Hoy la
Ignacia cumple un mes de vida y la Leonor un mes de hermana mayor. Y acuérdense
de esto cuando tengan 15 y 13 y peleen todo el día por la ropa o por la tele o
por cualquier cosa tonta que pelean las mujeres a esa edad: ustedes son
chiquititas y con su mamá no sabemos si entienden lo que pasa, pero cuando se
miran es mágico, se miran con amor, como si entendieran que van a pasar una
vida juntas… Si llora la Ignacia, la Leo corre a ver qué le paso, le habla, le
hace cariños, le canta y la bebé se calma y se queda mirando a su hermana
grande. No me digan que eso no es mágico, ah?
Todo ha
sido mucho mejor de lo que pensábamos. Ambas se llevan bien, la Leíto no sintió
celos de la Ignacia, al contrario. Claro que cuando la bebé llora en la noche
(y como no hemos podido cambiarla a su pieza), la Leíto que duerme con nosotros
se tapa los oídos y reclama aún dormida, guaja.
Lo
chistoso/triste de todo esto, es que dormimos todos juntos (o duermen ustedes,
cuando yo no estoy) en una sola pieza. Nos cambiamos del departamento para
tener más espacio, ahora tenemos la tremenda casa y al final igual estamos
metidos todos juntos, una porque hace mucho frío (punto a favor del depa) y
otra porque su mamá chantea con que el “colecho” es bueno (podría explicar lo
que es colecho, y sorprenderlas con mi alto nivel intelectual, pero prefiero
que hagan la tarea ustedes, pueden usar Google si es que aún existe). Yo lo
hago solamente porque no hay nada más exquisito que la Leíto me estire sus
brazos cortitos para dormir abrazadita a mi cuello. Cuando la Ignacia tenga
edad suficiente nos va a faltar cama (y cuello).
Ha sido
un primer mes lindo, pero complicado. Yo alcancé a estar casi 2 semanas con
ustedes, pero luego de eso su mamá se quedó sólo con la abuela Paty una semana
más, y luego sola. No es fácil, yo debería estar allá también, pero he
fracasado en mis intentos; no me malentiendan, su mamá está estresada, cansada,
despeinada, saturada, pero feliz. Las ve y se le iluminan los ojitos. Está
enamorada de ustedes, también se tienen de acordar de eso cuando sean
adolescentes odiosas, ojo.
Para mí,
el primer mes es complicado. El papá no puede hacer mucho con la bebé, así que
me he dedicado más a la Leíto. Eres tan chiquitita, Ignacia, mucho más que tu
hermana a esa edad. Me da nervio tomarte, mudarte, casi como si te fuera a
quebrar… además, el apego de una bebé con su madre es otra cosa, me imagino que
le conocen los latidos, el olor, la voz, etc. después de todo pasaron 9 meses
dentro de su guata. Pero ya llegará mi tiempo. Ya verás lo bakán que soy como
papá, pregúntale a tu hermana nomás, ja.
Por
ahora, mientras sigo en Antofagasta echándolas de menos, sólo me queda esperar.
No, ya me cansé de esperar. Ahora toca actuar.
Denme un
par de meses, ya estaremos juntos de nuevo.