jueves, 22 de mayo de 2014

El primer mes

El primero de muchos, claro.

Hace un par de días llegué de vuelta a Antofagasta, después de pasar unos días con ustedes en Viña. Siempre se hacen pocos, siempre se pasan rápidos. Los trato de llenar de actividades, trato de levantarme temprano, tomar desayuno y disfrutarlas a las 3, pero nunca es suficiente. Además, vieran lo que cuesta levantar a una mujer. Y yo tengo 3.

Hoy la Ignacia cumple un mes de vida y la Leonor un mes de hermana mayor. Y acuérdense de esto cuando tengan 15 y 13 y peleen todo el día por la ropa o por la tele o por cualquier cosa tonta que pelean las mujeres a esa edad: ustedes son chiquititas y con su mamá no sabemos si entienden lo que pasa, pero cuando se miran es mágico, se miran con amor, como si entendieran que van a pasar una vida juntas… Si llora la Ignacia, la Leo corre a ver qué le paso, le habla, le hace cariños, le canta y la bebé se calma y se queda mirando a su hermana grande. No me digan que eso no es mágico, ah?

Todo ha sido mucho mejor de lo que pensábamos. Ambas se llevan bien, la Leíto no sintió celos de la Ignacia, al contrario. Claro que cuando la bebé llora en la noche (y como no hemos podido cambiarla a su pieza), la Leíto que duerme con nosotros se tapa los oídos y reclama aún dormida, guaja.

Lo chistoso/triste de todo esto, es que dormimos todos juntos (o duermen ustedes, cuando yo no estoy) en una sola pieza. Nos cambiamos del departamento para tener más espacio, ahora tenemos la tremenda casa y al final igual estamos metidos todos juntos, una porque hace mucho frío (punto a favor del depa) y otra porque su mamá chantea con que el “colecho” es bueno (podría explicar lo que es colecho, y sorprenderlas con mi alto nivel intelectual, pero prefiero que hagan la tarea ustedes, pueden usar Google si es que aún existe). Yo lo hago solamente porque no hay nada más exquisito que la Leíto me estire sus brazos cortitos para dormir abrazadita a mi cuello. Cuando la Ignacia tenga edad suficiente nos va a faltar cama (y cuello).

Ha sido un primer mes lindo, pero complicado. Yo alcancé a estar casi 2 semanas con ustedes, pero luego de eso su mamá se quedó sólo con la abuela Paty una semana más, y luego sola. No es fácil, yo debería estar allá también, pero he fracasado en mis intentos; no me malentiendan, su mamá está estresada, cansada, despeinada, saturada, pero feliz. Las ve y se le iluminan los ojitos. Está enamorada de ustedes, también se tienen de acordar de eso cuando sean adolescentes odiosas, ojo.

Para mí, el primer mes es complicado. El papá no puede hacer mucho con la bebé, así que me he dedicado más a la Leíto. Eres tan chiquitita, Ignacia, mucho más que tu hermana a esa edad. Me da nervio tomarte, mudarte, casi como si te fuera a quebrar… además, el apego de una bebé con su madre es otra cosa, me imagino que le conocen los latidos, el olor, la voz, etc. después de todo pasaron 9 meses dentro de su guata. Pero ya llegará mi tiempo. Ya verás lo bakán que soy como papá, pregúntale a tu hermana nomás, ja.

Por ahora, mientras sigo en Antofagasta echándolas de menos, sólo me queda esperar. No, ya me cansé de esperar. Ahora toca actuar.


Denme un par de meses, ya estaremos juntos de nuevo.

martes, 22 de abril de 2014

Ignacia

Mientras escribo esto, tu mamá sigue reclamando que no te escribo. Prefiero no contarle para que siga pensando que soy pelmazo, cuando en verdad soy macanudo. Guaja.

Y bueno, ¿cómo empiezo? Por el principio, supongo.

Según el Dr. Momia (tu mamá no aprende, eligió al mismo matasanos que con la Leonor), ibas a nacer mañana Miércoles 23 de abril, y ya estaba todo listo y dispuesto para que fuera así; pasajes comprados, permisos pedidos y aprobados, todos avisados. Pero no, el Momia quería ser figura. Y sobre la marcha nos cambió la fecha, la adelantó 1 día así sin más, porque sí. ¿Y qué hicimos? Correr. Yo en Antofagasta, tuve que salir volando del trabajo, hacer la maleta, llegar al aeropuerto, llorarle a la supervisora de la aerolínea que me cambiara la fecha del pasaje e intentar llegar a Viña lo antes posible. 12 horas duró mi viaje en total, pero llegué el 21 en la noche. Gracias, Momia.

Ya estando en Viña, el resto era cuesta abajo. Hoy salimos a la clínica temprano y sin apuro, tu mamá estaba igual de nerviosa que cuando nació la Leonor. Tu abuela Paty y tu hermana también estaban ahí, esperándote.

A las 13:00 llegó tu abuela Nora y tu tía Cata y justo a esa hora nos fueron a buscar para entrar a pabellón. Preparan a tu mamá, me disfrazan a mí y partimos. Igual que la vez anterior me hacen esperar fuera del pabellón mientras arreglan todo. Cuando entro ya está casi todo listo, tu mamá ya está anestesiada y yo trato de mirar para ningún lado salvo a ella para no desmayarme.

Me siento al lado, y trato de conversarle a tu mamá, de distraerla mientras los doctores hacen su trabajo (sabes que naciste por cesárea) y, de repente, llanto. Magia. Te limpian un poco y te ponen al lado de nosotros, vienes llorando, pero cuando llegas te quedas tranquila, como si supieras quienes somos.

Naciste un Martes 22 de Abril, a las 14:00 exactas. Pesaste 2,85 Kg y mediste 47,5 cm.

Acompaño a la Matrona y a la neonatóloga mientras de examinan, te pesan, te miden, te lavan, te vacunan, etc. Todo normal. Y tú, siempre tranquila.

Eres chiquitita, mucho más que le Leonor y ya en 2 años y medio perdí la práctica, me dio nervio tomarte, despacito, suavemente. Y tú, siempre tranquila.

No te voy a mentir. La segunda vez ya no todo es nuevo, ya conocemos los procedimientos y sabemos lo que viene. Ya hemos aprendido a ser papás. No todo nos da miedo y no todo nos pone nerviosos, sabemos mejor cómo reaccionar y qué cosas son normales y cuáles no. Probablemente seamos menos aprensivos contigo de lo que fuimos con tu hermana. Probablemente te vas a caer más, vas a tener rodillas con más raspones y más machucones en la cabeza. También vas a tener menos ropa nueva y en algunas fotos te preguntes por qué esa ropa se parece tanto a la que usaba la Leo (guaja).

Ya estás acá y estamos felices. Tú hermana también. Tuvimos miedo que se pusiera celosa, pero está feliz. Te adora. Te cuida. Te hace cariños y te da besos. Puede ser que influyera un poco que al nacer, de regalo  le trajiste una princesa, puede ser. Ya vas a tener tiempo de conocerla, tendrás mucho tiempo, verás que desde siempre ella estuvo ahí contigo, verás las fotos en las que sólo tienes horas de nacida y ella, chiquitita también, te tiene en brazos y te mira con ojitos de sorpresa, de curiosidad, pero sobre todo, de amor. Recién están comenzando una larga vida juntas.

Ahora estamos los 3 en la habitación de la clínica, las visitas se fueron y tu hermana también, tiene que descansar, fue un día largo para ella. Ya en unos días estaremos los 4 en nuestra casa.


 Los cuatro.

viernes, 18 de abril de 2014

Las hermanas

(Cuando dije que pretendía escribir más seguido, lo dije en serio, ¿ven?)

¿Cómo le explicas a una niñita de 2 años que va a llegar una hermanita? ¿Cómo haces para que cuando entienda lo que pasa no sienta celos?

Cuando supimos que un nuevo bebé venía en camino, la Leo aún no cumplía 2 años. Si no me equivoco faltaban aún dos semanas para eso y sin embargo fue ella la que me dio la bolsa con la sorpresa adentro. Pero claro, no tenía idea de qué se trataba. Luego, de a poco la guata de su mamá fue creciendo y creciendo, y creciendo (vieran) y junto con eso entendimos que no podíamos seguir viviendo en un departamento. Nos iba a quedar chico. Y aunque no fuera en extremo así, tuvimos la opción de cambiarnos a una casa, más grande, con patio para que jueguen, en un condominio para que tengan amiguitos  y cerca de la Tita y el Tata.

Ya en la casa nueva, no sólo la guata de su mamá avisaba que algo venía, también de pronto nuestro espacio se empezó a llenar nuevamente de ropa en miniatura, juguetes de bebé y una cuna. Ahí fue cuando la Leo entendió o pareció sospechar lo que estaba pasando. Cuando en su pieza apareció una cama más, que no era para ella, cuando en el clóset empezamos a guardar ropa que era muy chica para usarla. Algo raro pasaba.

De a poco y probablemente inconscientemente, todo eso empezó a afectar a la Leo. Súmenle el cambio de casa, el que yo estaba lejos, el cambio de Jardín Infantil y ahora la “invasión” que significaba el nuevo bebé. No fue fácil. No sé si llamarlo “celos” o más bien ansiedad, tal vez hasta algo de angustia.

A esta altura recién estás dominando el lenguaje, recién aprendiendo a comunicarte, por lo que expresar lo que sientes tiene que ser complicado; y entonces lo expones a través del comportamiento.

Insomnio, porfía, llanto. Hasta sonambulismo.

Tuvimos que partir con la princesa grande al psicólogo (sí, si sé que su mamá es psicóloga, pero anda a explicarle eso a ella). Flores de Bach fue la respuesta, 4 gotas, 4 veces al día; y contra todo pronóstico, resultó. De a poco se fue ordenando el sueño, también el comportamiento. Las tías del Jardín notaron la diferencia y nosotros también, la Leo ya no despertaba en las noches haciendo escándalo.

No sé si lo entiendes. No sé si simplemente fue una etapa de cambios que tuvimos que superar. No sé si estás preparada ya para recibir a Ignacia en unos días más. No es lo mismo tener la ropa y la cuna en tu pieza que ahora tener que compartirla con una bebé. Compartir la pieza, al papá y a la mamá que hasta ahora sólo se preocupaban por ti. Darle espacio a una personita que ante tus ojos hace poco no existía, no debe ser fácil, fuiste la primera en todo, la primera hija, la primera nieta, la primera bisnieta. Pero cualquier problema, de seguro no durará mucho, querrás cuidar y tomar a la bebé tanto como nosotros, quizás más.


Ignacia ya es parte de nuestras vidas. Hace rato que somos familia y lo seguiremos siendo, sólo que ahora seremos 4.

jueves, 17 de abril de 2014

A una semana

Cuando supe la noticia, me propuse poder seguir escribiendo como lo hice la primera vez, pero no ha sido fácil. No es excusa, pero sí una disculpa. No he querido hacer diferencias, pero no pude evitar que la vida las hiciera por mí.

La última vez que escribí fue hace 5 meses, y las cosas siguen igual. Yo lejos de ustedes y sin tener claro cuándo podremos volver a estar juntos.

Bueno, no todo sigue igual. O al menos, no lo seguirá siendo a partir de esta carta. Desde ahora voy a escribir en plural, no sé si todas, pero varias cartas. Desde ahora ya no sólo le escribo a mi princesa, también lo hago pensando en mi princesa menor. Porque eso serán, dos princesas, dos niñitas lindas que son el regalo que nos ha dado la vida (gracias, Odín); una que ya está con nosotros y la otra que llega en una semana más. No queda nada.

Se darán cuenta cuando sean grandes que para una mujer tener un hijo/a es algo que se siente desde el primer momento, una conexión inmediata con el ser que llevan dentro y que genera lazos a niveles que un macho alfa como yo jamás podría entender.

Los hombres, por otro lado, somos distintos. Nos cuentan que vienen, sabemos que están en la guata, hasta podemos sentirlas a través de la piel, pero no es lo mismo. Uno no se siente papá hasta que las tiene en las manos. No es frialdad, simplemente así es la naturaleza, o al menos así fue como lo sentí yo. A las dos las esperé con ansiedad, insomnio y hasta antojos (pregúntenle a su mamá), pero también con dudas. No es fácil que te digan que en un par de meses una vida dependerá de ti, que serás responsable por una personita en miniatura, de criarla, darle valores y enseñarle un buen ser humano, que deberás cuidarlo cuando enferma, ver que no le falte nada, etc. y todo eso pesa. Harto.

Contigo, Leonor, fue difícil. Pero contigo, Ignacia, lo ha sido más aún.

No sólo me complica la responsabilidad, me angustia estar lejos. Me cuestiono qué tan buen papá soy si he estado lejos todo el embarazo, si no he podido acompañar a su mamá al doctor, a los controles, ayudarla, estar ahí. Me siento culpable por no estar ahí; por no poder hablarte a través de la guata, por no poder sentir tus pataditas, verte en las ecografías, escuchar tu corazón, por no poder sentirme parte de tu proceso en búsqueda de la vida.

Y por lo mismo creo, no me he sentido involucrado tanto ni lo he buscado, aunque suene frío. Porque sé también que cuando te tenga en mis brazos ya no voy a querer soltarte más y que en ese segundo todo a lo que quise hacerle el quite estos meses se va a dar, y no voy a poder evitar amarte con todo. Pero con eso viene la parte difícil. También viene extrañarte cuando tenga que irme.

Y es que si en su momento fue complicado echar de menos a su mamá y la Leo, ahora estar lejos de las 3 será titánico. Imposible. Tengo miedo de no poder hacerlo, y es primera vez que lo digo (escribo) y caigo en cuenta de lo que eso implica. Voy a tener que despedirme no de dos sino de 3 de las personas que jamás debiera estar lejos.
Ayer su mamá me mandó unas fotos en las que salen las 3, ella sentada, la Leo tocando su guatita y la Ignacia adentro, a punto de reventar ya. Lindas todas.

Y ya sólo queda una semana, un puñado de días y seremos 4, y se me sigue apretando la guata al pensarlo. Pero es un día que espero hace mucho.


Sólo un par de días más.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Far, far away.

Ayer tuve que nuevamente deslizarme con cuidado bajo las sábanas, intentando no levantarlas para no destaparte, sentarme con cuidado para ponerme las pantuflas y prender sólo una luz tenue. Abrir las puertas del clóset a 0.5 Km/h y cerrarlas en modo ninja, meterme a oscuras al baño, ducharme, vestirme y echar las últimas cosas a la maleta, todo en silencio. Y ya sin más excusas para darme vueltas inútiles en la pieza y demorar la salida llega el momento que he estado evitando: la despedida.

Es una despedida injusta, sobre todo para ti, porque sólo me despido yo. Siempre es el mismo ritual. Me siento despacio al lado tuyo, te hago cariño en el pelo y en la guatita, me acerco y huelo tu pelo, tu cuello, trato de robar lo más posible de tu aroma para que me dure los días que no te veré, pero nunca es suficiente. De nuevo una caricia y un beso en la frente mientras aún duermes tranquilita, sin saber ni entender todo esto que te cuento. Y esto, que parece tan simple, tan rutinario, tan liviano, no lo es. Es lo más difícil del mundo.

Despedirme en silencio, a oscuras, sabiendo que no te veré en varios días es terrible.

Luego, lo mismo de siempre. Tu mamá me cuenta que despertaste llorando, preguntando por mí al darte cuenta que mi lado de la cama está vacío (el que me dejas, porque siempre me queda sólo la orillita) y ya quiero devolverme a casa. A ti. A ustedes.

De esto ya llevamos un par de meses, 3 si no me equivoco. Varias idas y venidas, varias despedidas y varios abrazos y risitas nerviosas cuando nos vemos de nuevo. Prometimos que no sería tanto tiempo, pensamos que sería más fácil, que nos acostumbraríamos y que valdría la pena. Nos mentimos a nosotros mismos diciendo que era lo mejor, que el esfuerzo de estar lejos nos daría la oportunidad de ahorrar y de asegurar que no te falte nada. Y no te hace falta nada. Excepto yo. Excepto caminar por la calle y que puedas darle una mano a tu mamá y la otra a mí, como te gusta. Excepto estar juntos siempre, como debiera ser.

Y ahora que viene tu hermano/a la mentira parece más cierta, la justificación parece más correcta y sería fácil creer que en verdad es lo mejor estar así, trabajo seguro, ganar más plata, tener buen pasar económico, por ti y por el bebé que viene… ¿y de qué sirve si no estamos juntos?

¿Te acostumbras a esto? ¿Cada vez que nos vemos crees que me quedaré? ¿O cada vez que despiertas sin mi crees que no volveré?

No lo sabes ahora, pero cuando leas esto sabrás que siempre volví.  Y que haya durado mucho o poco esto de estar lejos, al final siempre volvemos a estar juntos. Tú, tu hermano/a, tu mamá y yo. Los 4.


Las echo mucho de menos.

jueves, 26 de septiembre de 2013

II

Cómo son las cosas... Hace 1 año exacto que no te escribía y hoy ya es de nuevo tu cumpleaños, el segundo en tu vida.

Pasó tanto tiempo sin escribir que estoy algo oxidado con el teclado y las ideas, pero como también hacía mucho tiempo que no leía las cartas, al hacerlo hace un rato volví a emocionarme al recorrer el camino que hemos hecho hasta el momento, juntos, contigo. Tantas cosas, tantos recuerdos, viajes, experiencias, errores, aprendizaje…

¿Y hoy? Hoy ya estás grande, ya no eres una bebé, eres una niñita que corre, juega, que salta, que intenta comunicarse en su idioma propio, que inventa, que me abraza y me dice “papá” o que me derrite con un “papi”, que todavía pelea por su tete y su tuto y que ya no va a parar de crecer. Y ojo, que tienes tu carácter. Vieras las peleas que se armar para ponerte el pijama y los calcetines, pero no. A ti te gusta andar a pata pelada y sin pantalones. Y ojalá sin pañal.

Celebramos tu cumpleaños la semana pasada, terminando el 18. Vino mucha gente que te quiere, hartos amiguitos chicos y jugaste y saltaste y pescaste pececitos en la pesca milagrosa y soplaste la velita de tu torta por primera vez en público, después de hartos ensayos en la casa. Todo en tu fiesta era de pajaritos (…pregúntale a tu mamá), desde los adornos hasta la torta; todo rosado, todo lindo, todo caro… todavía me duele la billetera. Por ahí debe haber fotos guardadas.

La fiesta se hizo en Con-Con, en el club de campo de la refinería. Bonito el lugar, harto verde, harto sol, muchas risas y mucha felicidad. Con tu mamá te vimos sólo para cantar el cumpleaños feliz, entre lo que trabajamos, sirviendo cosas, armando otras y tú que no parabas de jugar con unos niños, con otros, después andabas en brazos de alguien, te sacabas fotos, la pasaste muy bien, y eso es lo único que importa. Ahora, como todo, sólo nos quedan los recuerdos y las fotos, para atesorarlas hasta viejitos…

Ahora que lees esto y eres aún más grande que en ese tiempo ya lo sabes. Sabes y conoces a quién tienes al lado. Con quien has compartido tanto. Con quien has peleado, a quien has cuidado y querido tanto por tanto tiempo. Pero en esos días, para nosotros fue una sorpresa.

Y es que de 2 que se aman, naciste tú.

Y es que hoy cumples 2 años de amor con nosotros.

Y es que a partir de ahora, para nosotros, son 2 a los que amar…

Llegando a casa, ahora fuiste tú la que me entregó una bolsita de regalo. No la pesqué. Pensé que estabas jugando, era tan liviana, pensé que no había nada ahí. La dejé en la mesa sin siquiera mirarla. Te abrazo, y antes de darme vuelta tu mamá ya me estaba retando (¡!) por no ver que había dentro de la bolsita. Y bueno, la abrí ¿Y qué me encontré? Me encontré con una rayita, la misma rayita que hace 2 años y nueve meses atrás nos cambió la vida. Y hoy la vuelve a cambiar. A incrementar. A crecer.

Crece la familia, crece el amor.

Pensándolo bien, ahora me cierra todo, porque ahora las matemáticas cuadran, y es que:

2+2=4

Bebé, tendrás un hermanito. Y nosotros una nueva aventura que comienza ahora. Pero no nos pilla solos, nos pilla contigo; esta vez ya no somos 2, ni 3, seremos 4. Y ahora tú serás parte de la otra vereda.

Me preguntaba hace unos días cómo se hace para querer a otra personita tanto como te queremos a ti, no me imaginaba, no me daba la cabeza para pensar en dividir el amor que tengo hacia ti, simplemente no podía. Pero ahora lo entiendo mejor, y es que la operación correcta no es la división, es la suma. El amor no se va a dividir, simplemente va a aumentar. ¿Y quién se puede quejar de tener más amor alrededor?


Y así como nosotros tuvimos que acostumbrarnos a ser “papá” y “mamá”, pronto tendrás que acostumbrarte a ser la hermana mayor…

viernes, 28 de septiembre de 2012

1

Y así, como si nada, ya pasó un año. Uno. Uno Entero. 12 meses. 365 días. Y un chillión de horas de felicidad máxima. Increíble.

Es un día raro, tengo que reconocerlo. Raro porque al mismo tiempo pareciera que ha pasado tanto desde que naciste, que has crecido rápido, que hemos estado mucho juntos, y por otro lado es RECIEN un año, un año de muchos que vendrán…

Un año en que nos llenaste el corazón y la casa (donde camines te tropiezas con algo tuyo), un año en que todo y todos giran en torno tuyo, nosotros, tus abuelos, bisabuelos, tíos, primos, etc… y  tú lo sabes, eres el centro de mesa, el florerito, siempre poniendo tus caritas chistosas, haciendo viejitos, la cara de sorpresa, aplaudiendo, riéndote, todo. Todo lo que haces es una fiesta, todo es una sonrisa, todo es alegría.

Pero aún cuando traes tanta felicidad, en el día de tu primer cumpleaños no puedo evitar sentir nostalgia de este primer año que no va a volver, que ya no vamos a vivir más. He recorrido en mi mente todos los momentos de tus primeras veces. La primera vez que dormiste con nosotros, la primera vez que sonreíste, la primera vez que comiste colados, el primer helado, la primera vez que te bañamos, la primera fiebre, las vacunas, el gateo, y tantas más… la primera vez que me miraste fijo con tus ojitos mínimos y curiosos., cuando me dijiste papá. Papá. Ay bebé… cuando me dijiste papá.

Quedan tantas cosas por pasar, por hacer, por vivir juntos y aún así, con todo ese camino por delante no dejo de pensar en lo que ya pasó y que no va a volver. Cualquier día de estos empiezas a caminar y hablar y ya no serás más una bebé sino que una niñita. Mi niñita, para siempre.

No sé si yo seré el mamón, pero la retrospectiva se me hace inevitable. Angustiarme por cosas que no quiero olvidar, por olores que quiero recordar por siempre. Despertar contigo al lado mío en la mañana (atravesada al lado mío, en verdad porque vieras…), ver que abres tus ojitos y sonríes al darte cuenta que amaneciste con nosotros y no sola en tu cunita, que te estiras y sigues durmiendo de floja, impagable. Porque siempre nos dijeron que no lo hiciéramos, que no durmiéramos contigo, que te podrías acostumbrar, que era malcriarte… y qué si lo es? Sólo vamos a tener un primer año de tu vida, sólo vamos a tenerte así de pequeñita por un tiempo que cada vez se acorta más, y si no dormimos ahora contigo ¿cuándo? Y si no te huelo el cuellito ahora ¿cuándo? Y si no te abrazo ahora ¿cuándo? No quiero arrepentirme luego por no aprovecharte hoy, por no decirte ‘te amo’ hoy y menos por no tenerte al lado cada segundo que pueda hacerlo.

Hoy en tu cumpleaños te prometo algunas cosas:
 
     1.       Abrazarte y besarte hasta que me saques por pesado
2.       Decirte te amo hasta que me hagas callar
3.       Dormir contigo en nuestra cama hasta que te aburras
4.       Sacarte fotos hasta romper la cámara
5.       Mirarte hasta que te des cuenta y me preguntes ‘¿por qué me miras tanto?’
6.       Escucharte siempre
7.       Amarte sin esperar nada

Y si me equivoco alguna vez acuérdate que nadie enseña a ser papá… tú eres mi ensayo general.

FELIZ CUMPLEAÑOS BEBÉ!! TE  AMORO!!