Adiós a los robots de juguete, a leer comic de superhéroes juntos y comprarte camisetas de equipos de futbol.
Pero no me importa. No te voy a poder llevar al estadio, pero vas a ser mi regalona. No me vas a pedir que juguemos a la pelota en la calle, pero cuando llegue del trabajo me vas a llenar de besos y abrazos de princesa, y en vez de jugar PlayStation vas a querer practicar maquillaje en mi cara y voy a tener que dejarte nomás. No me va a quedar otra. Total, cuando se ama tanto como tu mamá y yo te amamos todo da lo mismo (menos que pintes las paredes), así que empieza a practicar nomás porque te las voy a aguantar todas (menos lo de las paredes, sin tocar las paredes).
Ayer fuimos nuevamente a ver al doctor Momio, y ahora que lo pienso ya no se parece tanto a la Momia de La Momia, porque está pelucón y mientras tu mamá más dice que es mino yo más fleto lo encuentro porque hasta cuándo las mujeres van a seguir con su cuestioncita de “noooo, si es amanerado nomás”, cuando todo el mundo sabe que el tipo es huequito, nada que ver.
Y bueno, resulta que de nuevo hizo una ecografía sobre la guata de tu mamá, con ese líquido asqueroso que ocupan los doctores, y sorpresa. Estás tan grande. 22 centímetros de la cabeza a la cola y casi 500 gramos de peso (masa en verdad, ignorantes). Y mientras te revisábamos y te medían, te quedamos viendo la cabecita y de repente, tu manito se acerca a la boca, la cierras, sacas el dedo gordo y pum! te chupas el dedo! Increíble. Felicidad máxima. No me canso de decirlo. Hace 15 semanas eras un poroto (un poroto!) y ahora tienes todo, piernas, brazos y encima te chupas un dedito!
El Momio siguió dando vueltas la maquinita y nos confirmó que eres niña. Mi niñita.
Y en la cabeza de tu mamá hubo una explosión rosada. Lo vi en sus ojos. Se imaginó atacando con furia tiendas y tiendas infantiles armada sólo con su Mastercard en búsqueda de cualquier cosa rosada o lila que encuentre a su paso.
Y ahora, aunque no lo creas, el problema es otro. Aún no decidimos tu nombre. Salió un nuevo candidato y a tú mamá le gusta harto: Dominga. Así que las opciones (nuevamente) son dos. Leonor o Dominga. O Dominga Leonor y decimos que fue empate. A penas nos decidamos te aviso, guaja.
Con todas la letras podemos decir que te esperamos y te amamos más que nunca (si se puede) y que te quedes tranquila, que sigas creciendo y pegando pataditas como hasta ahora, y que el nombre es lo de menos, si al final serás nuestra hija igual. Nuestra niñita.