A tu mamá la conocí en La Serena, hace casi 7 años, a mis tiernas 21 primaveras. No me preguntes fechas que tan seco no soy, aunque ella se las sabe todas. La primera vez que nos vimos fue en un pub que administré, pero no nos pescamos mucho. Ya luego, ella no pudo evitar caer enamorada por mis encantos y me bastó sólo tomarle la mano una vez para que no la pensara dos veces y fuera sólo cuestión de tiempo que estuviéramos juntos.
En una fiesta en su casa nos dimos el primer beso y en un Año Nuevo le pedí pololeo. Nunca más nos separamos. Jamás peleamos fuerte ni terminamos en el camino. Hemos estado juntos y revueltos estos 7 años, contando 5 de pololeo y más de 1 año y medio de matrimonio. ¿Si hemos sido felices? Mucho, creo yo. No me preguntes cómo ni por qué, pero desde ese día 1 de Enero de 2005, de algún modo supe que no necesitaba buscar más, que con ella iba a estar el resto de mi vida.
Ahora, yo soy mañoso, pero tu mamá la embarró. En serio. Hay que tener paciencia para aguantarla. Un día sí y al otro no, un rato se ríe y al otro se enoja. Yo creo que estoy postulando seriamente al Nobel de la Paciencia más Maestra del Universo, porque vieras. Y si me quejo tanto, entonces ¿por qué estoy con ella? Estoy con ella porque la amo. Así como te amo a ti, pero diferente, porque a ella la elegí y ella a mí. Tuvimos siempre la opción de no seguir, pero decidimos comprometernos en una relación en el tiempo, crecer juntos y que el “tú + yo” diera frutos como pareja, y mira qué frutos. Te tendremos a ti y sólo con eso, justificamos todo.
La amo porque me aguanta, porque me río con ella como no me río con nadie. Porque con ella puedo ser yo de verdad, ser tonto, ser pesado, poner caras, andar idiota, tener olor a pata, etc. Y me quiere así. La amo porque es linda, y es buena, de corazón. En verdad es mucho mejor persona de lo que yo soy y de lo que jamás seré, pero cada día me enseña e intenta mejorarme un poquito, y aunque a mí no me guste reconocerlo, a veces lo logra. Tu mamá es una mujer completa, es inteligente, bonita, simpática, no conozco a nadie a quien le caiga mal… y es valiente y fuerte, mucho. Por mí ha hecho muchas cosas, muchas más de las que me gustaría reconocer, y aunque a veces me reta (bien seguido, ahora que lo pienso), siempre arreglamos todo con una sonrisa.
No falta algún día que cansados, casi no hablamos al vernos en la casa, o peor andamos idiotas o estresados y nos enojamos por alguna tontera. Puedo tener mil problemas, pero al final del día, al dormir y abrazarla sé que en verdad ella es todo lo que necesito para estar bien y saber que las cosas se van a arreglar de alguna forma y si no se arreglan no importa mucho, porque nos tenemos a nosotros y estando juntos no puede ser todo malo.
A tu mamá la amo ahora más que nunca, porque me va a dar el mejor regalo del universo. Adivina. No, no el PlayStation 4. No, tampoco hablo de una entrada de por vida al Monumental para ver a Colo-Colo. Hablo de ti. En poquito tiempo estarás con nosotros y completarás aún más el cuadro que pinta nuestras vidas y por eso agradezco todos los días un poquito más…