No te imaginas lo nerviosa que anda tu mamá. No duerme ni come. Jajaja, mentira, mentira, come el doble que antes, pero lo de no dormir es cierto. Mitad por la guata gigante que tiene ahora y mitad por ansiedad casi no pega un ojo en las noches. No quiero ni pensar cómo será hoy que es la última contigo dentro de ella. Si ya hasta le dio nostalgia anticipada por que salgas. Supongo que el vínculo termina siendo tan grande que como hombre no lo voy a entender nunca. Tener a tu hijo dentro tuyo no debe ser menor. Sentir cómo te mueves cuando ella come algo dulce, hablarte todo el día, sentir cuando te da hipo, guaja… increíble.
Eso sí, algo se me estaba olvidando. Tengo un reclamo. Todavía no naces y ya me estás impidiendo ir a jugar a la pelota. No mijita, eso no se hace. Esta te la aguanto porque es la primera nomás, pero no cantes victoria que la pelotita rueda cada semana los miércoles a las 20:00 y eso es muy importante para tu papito.
Bueno ya. No queda nada. Nada de nada, ahora sí. Después de mucho tiempo por fin estarás con nosotros mañana por la tarde. Por fin sentiremos lo que es mirarte los ojos o tomar tu manito. Creo que sólo con eso estaremos derretidos para siempre contigo, mi princesita.
Ahora, tu mamá ya me las cantó claritas y tengo una misión clara: no perderte de vista en ningún momento desde cuando te saquen de su guata. Tiene mil miedos que te pierdas, que te hagan algo, que se equivoquen con tu nombre, y otras cosas más terribles. Así que, voy con cámara en mano, y atento como nunca a cumplir mi cometido. Eso sí, nica, pero lee bien… nica me asomo a ver el tajo que le van a hacer a tu madre. Nica. No. Yo para eso no sirvo. De hecho, ni siquiera estoy seguro de cortarte el cordón umbilical. Mira que poco varonil y machito sería si después te cuentan que me desmayé en plena cesárea o algo así. No.
Y como dice la canción de Cachureos (no vas a tener idea que es o que fue Cachureos), “ya estamos todos, sólo faltas tú”… pero mañana solucionamos ese pequeño inconveniente.
Mañana!!