miércoles, 14 de diciembre de 2011

La doña

Así deberíamos ponerte mejor, porque vieras. No te puedo pelar mucho porque igual te portas bien. Lloras poquito, nos dejas dormir, te quedas relativamente tranquila cuando te dejamos en tu sillita o en el coche, etc. Pero, por culpa de toda la gente que te quiere y que revolotea alrededor tuyo desde que naciste, tienes una mala costumbre maestra: te gusta andar en brazos.
Ya sabes bien lo que digo. En el moisés, reclamas. En brazos, tranquila. En el coche, reclamas. En brazos, una dama. Y así.

Y para que veas, donde mejor utilizas tus recursos manipuladores es en la noche. No si eres terrible, y nosotros culpables en parte por seguirte el jueguito. Resulta que hacemos todo el ritual para dormirte. Tu mamadera, tal vez un paseíto en brazos, sacamos tus chanchitos, un poquito de teta y cuando creemos que ya te tenemos en el séptimo sueño, despacito, te movemos al moisés… pero tú sabes todo eso. Sabes dónde estás acostada, y sabes que no es ahí donde quieres estar.

Un leve quejido. Después un reclamo y, finalmente, llanto. Algo te engañamos moviendo el Moisés, pero no te dejas llevar, lloras igual…

Corazón de padres primerizos, te tomamos y acostamos con nosotros, inocentemente pensando que es frío. No hacemos más que acomodarte en el medio, te quedas calladita con cara de satisfacción y adivina… ¡una sonrisa!... te ríes, ¡patuda!... logras tu objetivo de acostarte con tus papás y ¡te ríes! ¿Cómo sabes que estás con nosotros? No sé, pero lo sabes.

Tienes ya un poquito más de un mes y controlas a tus padres con un simple quejido.