viernes, 28 de septiembre de 2012

1

Y así, como si nada, ya pasó un año. Uno. Uno Entero. 12 meses. 365 días. Y un chillión de horas de felicidad máxima. Increíble.

Es un día raro, tengo que reconocerlo. Raro porque al mismo tiempo pareciera que ha pasado tanto desde que naciste, que has crecido rápido, que hemos estado mucho juntos, y por otro lado es RECIEN un año, un año de muchos que vendrán…

Un año en que nos llenaste el corazón y la casa (donde camines te tropiezas con algo tuyo), un año en que todo y todos giran en torno tuyo, nosotros, tus abuelos, bisabuelos, tíos, primos, etc… y  tú lo sabes, eres el centro de mesa, el florerito, siempre poniendo tus caritas chistosas, haciendo viejitos, la cara de sorpresa, aplaudiendo, riéndote, todo. Todo lo que haces es una fiesta, todo es una sonrisa, todo es alegría.

Pero aún cuando traes tanta felicidad, en el día de tu primer cumpleaños no puedo evitar sentir nostalgia de este primer año que no va a volver, que ya no vamos a vivir más. He recorrido en mi mente todos los momentos de tus primeras veces. La primera vez que dormiste con nosotros, la primera vez que sonreíste, la primera vez que comiste colados, el primer helado, la primera vez que te bañamos, la primera fiebre, las vacunas, el gateo, y tantas más… la primera vez que me miraste fijo con tus ojitos mínimos y curiosos., cuando me dijiste papá. Papá. Ay bebé… cuando me dijiste papá.

Quedan tantas cosas por pasar, por hacer, por vivir juntos y aún así, con todo ese camino por delante no dejo de pensar en lo que ya pasó y que no va a volver. Cualquier día de estos empiezas a caminar y hablar y ya no serás más una bebé sino que una niñita. Mi niñita, para siempre.

No sé si yo seré el mamón, pero la retrospectiva se me hace inevitable. Angustiarme por cosas que no quiero olvidar, por olores que quiero recordar por siempre. Despertar contigo al lado mío en la mañana (atravesada al lado mío, en verdad porque vieras…), ver que abres tus ojitos y sonríes al darte cuenta que amaneciste con nosotros y no sola en tu cunita, que te estiras y sigues durmiendo de floja, impagable. Porque siempre nos dijeron que no lo hiciéramos, que no durmiéramos contigo, que te podrías acostumbrar, que era malcriarte… y qué si lo es? Sólo vamos a tener un primer año de tu vida, sólo vamos a tenerte así de pequeñita por un tiempo que cada vez se acorta más, y si no dormimos ahora contigo ¿cuándo? Y si no te huelo el cuellito ahora ¿cuándo? Y si no te abrazo ahora ¿cuándo? No quiero arrepentirme luego por no aprovecharte hoy, por no decirte ‘te amo’ hoy y menos por no tenerte al lado cada segundo que pueda hacerlo.

Hoy en tu cumpleaños te prometo algunas cosas:
 
     1.       Abrazarte y besarte hasta que me saques por pesado
2.       Decirte te amo hasta que me hagas callar
3.       Dormir contigo en nuestra cama hasta que te aburras
4.       Sacarte fotos hasta romper la cámara
5.       Mirarte hasta que te des cuenta y me preguntes ‘¿por qué me miras tanto?’
6.       Escucharte siempre
7.       Amarte sin esperar nada

Y si me equivoco alguna vez acuérdate que nadie enseña a ser papá… tú eres mi ensayo general.

FELIZ CUMPLEAÑOS BEBÉ!! TE  AMORO!!

viernes, 20 de julio de 2012

Y entonces, me dijiste “papá”

Así nomás. Y me quebró. Lo reconozco, es de hombrecito hacerlo. Fue inevitable soltar una lagrimilla varonil en el momento en que me doy cuenta que ya me reconoces, sabes perfectamente quien soy y con una sonrisa, unas palmaditas en el brazo y con tus ojitos brillantes y redonditos me miraste fijamente y dijiste: “papá”
Y tan fácil como eso, con 4 letras, 2 sílabas, una palabrita, lograste apretarme el corazón con una fuerza que no conocía hasta el momento.

Inolvidable.

Alguien podría decir que fue un reflejo, una tontera, un repetir de un vocablo que aún no tiene mucho sentido, pero yo sé que no, tu mamá sabe que no, estuvimos ahí y estamos seguros de que cuando lo dijiste tu cabecita sí le dio sentido y ya sabes cómo llamarme. Y es que justamente el día anterior, grabamos un video en el que también me ves a lo lejos y gritas señalándome: “papapa”

Pero no puedo decir que es ni lo primero ni lo único que dices, y que por cierto dices con sentido, porque también un “mamá” se te ha escapado cuando la ves o estás con ella.

Y aún cuando te cuenten y te digan lo maravilloso que es, nada se le acerca, nada se compara y nada te prepara para esto. Es grande, muy grande, te agarra, te sacude, te eleva en el aire, te abraza, te encierra, te aprieta, te envuelve y cuando termina, en verdad no termina… está recién empezando a darte tiempo para comprender lo que acaba de pasar. Me dijiste “papá”… y aunque no pensara que fuese posible, de nuevo, me enamoraste.

viernes, 13 de julio de 2012

miércoles, 11 de julio de 2012

La pequeña maravilla

Anoche dormías en nuestra cama y tu mamá me reta por tener música clásica de fondo y me dice: “¿Para qué quieres que sea más inteligente aún?” Y tiene razón, nos saliste bien habilosa, vivita, avispada, rápida, etc.
Recién cumpliste los 9 meses hace 2 semanas y la curva de aprendizaje subió notoriamente, mucho, mucho. Ya falta poquito para que aprendas a traernos el desayuno a la cama a mí y a tu mamá, esa es la meta. Y es que un día pestañamos y ya te parabas sola en tu corral, y no pasaron 2 días para que ya te equilibraras bien solita y afirmada y  te pudieras parar en cualquier lado con ayuda de un apoyo. Después sin mayor esfuerzo aprendiste a aplaudir hasta con sonidito de palmas y tu cabecita ya razona lo que quiere y lo que debe hacer para conseguirlo, increíble.

Y no son sólo las gracias, que tienes muchas, pero como nos das a entender que ya no eres una bebé, sino una niñita… te ríes con nosotros, sabes pedir las cosas que quieres, donde ir, con quien quieres estar, cuando quieres regalonear o jugar o simplemente ver tele, de verdad eres una pequeña esponjita que absorbe todo lo que tiene en su entorno…

Y nosotros, tuvimos que comprarnos baberos para poder estar contigo. Nos tienes embobados, atontados y enamorados de ti. Estás a nada de caminar y hablar.

Has pasado el invierno sanita, gracias a la Fuerza, a Superman y a Odín, mientras en las noticias muestran tantos bebés complicados, enfermitos en los hospitales, y ahora es cuando verificamos que la decisión de mantenerte en la casa con la Lidia fue la mejor. Has estado abrigadita y bien cuidada, ella te quiere mucho, se nota y te regalonea harto.

A veces eso sí, pareciera que estás aburrida de estar en la casa todo el día, nos gustaría poder salir más a pasear, a caminar por la playa, pero el clima ha estado muy frío… y nosotros tal vez te sobreprotegemos un poco, como dice el dicho “más abrigado que hijo único”, preferimos no arriesgarnos.

Estás creciendo muy rápido, tan rápido que ya tenemos nostalgia de cuando eras aún más pequeñita y dependiente de nosotros. Hoy ya eres una niñita y no podernos detener eso, sólo nos queda disfrutarte día a día, hora a hora.

Te amamos mucho, bebé.

martes, 22 de mayo de 2012

Una vida caóticamente hermosa

Tus 8 meses de vida están a la vuelta de la esquina, y así como tú vas creciendo y aprendiendo cosas todos los días, nosotros tus papás también vamos paso a paso, día a día aprendiendo contigo a ser padres, a ser responsables por la vida de una personita y sobre todo, a no morir en el intento.
Resulta que ser papá ahora no es lo mismo que hace 20 o 30 años atrás. Antes era más fácil, creo. El papá se preocupaba por trabajar y ganar plata y la mamá en la casa cuidando a los niños y manteniéndola. Súmale a eso que las abuelas también se dedicaban al hogar y eran apoyo constante a las madres nuevas.

Hoy no es así. Todos trabajamos, todos tenemos horarios que cumplir, lugares donde estar y responsabilidades laborales. Y lamentablemente eres tú quien sufre algunas consecuencias…

No ha sido fácil decidir por ti. Tener que dejarte en una Sala Cuna, u optar por que alguien te cuide en la casa. Ambos con pros y contras. Y ojo, que entre tanta indecisión hemos pasado por varias opciones, combinaciones y en distintos momentos hemos estado seguros que una u otra era la mejor. Y así fue como optamos por la Sala Cuna, para desarrollar tus habilidades sociales, para que no te aburrieras, para que tuvieras contacto con otros niños… y al final, en más de un mes, sólo has ido 2 semanas porque el resto las pasaste enferma.

Y ahora volvemos a la opción inicial. Dejarte en la casa con una nana.

La elegida es la Lidia, una vieja conocida de la familia. Es buena del verbo buena y honesta del verbo honesta, nada que decir. Le tenemos mucha confianza y creemos que será muy responsable contigo, ¿el problema? El problema es que es algo… pava. Y lenta. O sea, no es lenta… es lenta, lenta, lenta. Es más lenta que tsunami de manjar, más lenta que patada en la luna, más lenta que… bueno, ya entiendes la idea.

Partes la próxima semana de nuevo con este sistema y esperamos haber decidido bien. Cuidarte y hacer lo mejor para ti es lo único que importa. Porque el resto en verdad ya no pesa mucho. Ahora sí, tu mamá y yo estamos sobrepasados. No es fácil ser papás.

Tú eres una bebé preciosa, te portas bien, eres rica y amorosa, y aún así, nos demandas tanto, tanto, tanto.  No sé si tiene que ver con los tiempos de ahora, con nuestros trabajos, con no parar en todo el día, con el acto inmenso de generosidad que implica ponerse a uno mismo en segundo plano para atenderte sin pedir nada a cambio, pero estamos en el límite de la superación.

Y aún así, mi bebé, con el cuerpo cortado, las ojeras hasta el piso, el malhumor y el cansancio de llegar a casa y saber que el turno recién está empezando, tú lo arreglas todo. Y es que no es sólo el hecho de estar agotado sino además la inevitable sensación de angustia y culpabilidad de tener que dejarte todo el día con alguien que no somos nosotros…

Y es algo que no vas a entender hasta que tengas tus propios hijos, que aún así todo vale la pena. Saber que ya nos reconoces, que sólo nos miras llegar y se te ilumina la carita y empiezas a estirar los brazos para que, cuando te tomamos nos das unas palmaditas arrítmicas en el hombro como tal vez queriéndonos decir “tranquilo, papá, yo estoy bien, yo entiendo que tienen que estar fuera de la casa todo el día…” Sólo eso, hace que todo de lo mismo y nos hace explotar el corazón.

Saber que para ti el momento más feliz del día es estar los 3 solitos en la cama regaloneando, viéndote rodar sobre tu espalda para abrazar a tu mamá, para luego rodar de vuelta y abrazarme a mí, y repetirlo mil veces hasta que te da el sueñito y te duermes con una sonrisa en la boca de saber que estás bien, segura, calientita y con tus papás a cada lado. Ver que cuando te enfermas, eres una cachorrita que instintivamente nos buscas para quedarte tranquila y esperar que nosotros hagamos algo para que te sientas mejor… ayer dormiste mal, te sentíamos quejar en tu cuna y te pasamos con nosotros. Acto seguido cierras los ojos, sonríes inconsciente y abrazas el brazo de tu mamá con tus manitos mínimas. Listo, eso era todo. Sólo querías estar con nosotros para sentirte mejor.

Tu sonrisa, bebé, tus ojitos de amor cuando nos miras, tus bracitos estirados pidiendo consuelo o seguridad… eso es todo lo que hace falta para darnos energía y fuerza para seguir adelante con esto que es nuevo para nosotros, eso que algunos llaman ser papás y nosotros llamamos ser felices. Felices de a tres.

martes, 24 de abril de 2012

Me porto bien en casa, también en el jardín.

Cambio de planes. Drásticos. Fuertes. Positivos. Y todo de un día para otro, y todos por ti y para ti. Vieras.
Resulta que a tu mamá se le acabó el Post-Natal de 6 meses (y se queja, yo tuve 5 días…) a´si que tiene que volver al trabajo, no le queda otra. Y tú, por otro lado, no te puedes quedar sola, porque por más chorita y mandona que seas, aún eres un puntito y te quiero ver preparándote sola la leche y haciendo aseo. Sí, claro.

Tu papi y tu mami, por mejor, te buscamos una nana para que se quedara contigo todos los días y tú (la perla) no tuvieras que salir con el frío matutino ni estuvieras fuera de la casa todo el día. Pero adivina. A la bebita no le gustó este sistema y echaste a la señora Ester a punta de gritos, llanto y escándalo cada vez que tu mamá salía de tu campo visual ¿lindo, ah? No pues, no es lindo. Para más remate justo el día que se tuvo que quedar un poco más tarde porque tu mamá fue a reunión de la secta de señoras de Shen-long (o algo así, porque tu mamá no sabe ni pronunciarlo), a mi me pilló un taco gigante en Con-Con. Resultado, llegamos los dos atrasados y la pobre nana tenía las orejas cuadradas, los ojos vueltos para atrás, sangre en la nariz y los dedos chuecos de tanto escuchar tu sonata de llanto escandaloso nº3. Terrible. Y cuando nos viste a nosotros, risas y viejitos… “acá no ha pasado nada”.

Al día siguiente la nana renunció nomás y ahí quedamos de nuevo, sin señora que te cuidara, sin plan B y con tu mamá llorando sin saber qué hacer. Y esto fue un jueves, con tu mamá que tenía que entrar al trabajo el viernes.

Llamamos a otras nanas. Nada.

Y tu mamá partió con el dolor de su corazón (y mi bolsillo) a ver Salas Cuna. Lo único que no queríamos, a lo que le hicimos el quite tanto tiempo. Vio una y no le gustó, pero de la segunda se enamoró y ahí te quedaste, en el Vitamina. Y a pesar que los que más sufrimos fuimos nosotros, no pareció molestarte la decisión.

La siguiente semana fuiste de a ratitos, y llantos más llantos menos te fuiste acostumbrando. Sorprendentemente bien, de hecho. A los días de haber ingresado parecías otra guagua, ahora eres simpática y le sonríes a todos. Tus abuelos ya pueden tomarte sin que hagas show, te quedas dormida temprano y hasta pareciera que entiendes todo. Te pasaste.

En un ratito aprendiste a aplaudir y a decir chao con la manito. Y eso fue con nosotros un día domingo que lo pasamos sin levantarnos de puro flojos. En resumen, un día muy productivo de regaloneo y nohacernadismo.

Ya te dije, cumpliste 6 meses, de hecho ya vas por los 7 mientras escribo esta carta y no te detienes. Si ya se nos olvidó cuando eras una guagüita que no hacía nada más que dormir. Ahora vas al colegio, tienes amigos, actividades y llegas agotada a la casa para que los giles de tus padres te atiendan…

Más encima movilizaste a toda la familia para aprobar la Sala cuna. Ay de las pobres tías ahora… tienen que sacarse a la Maminina de encima…

Te amamos, bebé!

jueves, 22 de marzo de 2012

Ay, la maña.

Hace un tiempo te pusimos ‘la doña’, por mandona, pero ahora tu Nick ha mutado y pasó a ser ‘la maña’… porque vieras.
Estás a días de cumplir 6 meses y cada vez estás más y más mañosa. Partiste siendo mandona pero ahora ya definitivamente te subiste por el chorro de la mamitis aguditis. Resulta que a la perla le gusta estar con su mamá nomás. La toma la nana y llora. La toma la abuela y llora. La dejan sola un ratito y llora. Y no sólo lloras, sino que LLORAS en serio, con ganas, con oficio, con grito y ahogo incluido.

Ya nos sacaste la foto, porque más encima somos giles y te hacemos caso, y corremos para atenderte, a tomarte en brazos y a hacer de todo para que la linda deje de llorar. Te ponemos en tu silla mecedora, en el coche, te pasamos la leche, el chupete, te mecemos en brazos, te cantamos, caminamos, paseamos, te sentamos de nuevo, los juguetes, etc… y nada. Lo único que funciona es tu mamá. Pero ojo, ya pillamos la trampa. Caes redondita si te ponemos un pañuelo con el perfume que usa ella, guaja… a ver quién es el gil ahora, cabrita.

Y lo peor es que aún con todo el show que te gusta hacer ahora antes de dormir, no podemos enojarnos contigo, es imposible. Te amamos más que nunca.

Estamos intentando que duermas en tu cuna, en tu pieza. Sola. Y yo creo que sufrimos más nosotros que tu…. Hasta que abres un ojo y te das cuenta que no estás en la pieza con nosotros y te pones a llorar de nuevo. U aunque tenemos unos intercomunicadores para escucharte, créeme que no son necesarios, porque con los pulmones que te gastas podrías estar en el Himalaya y  te escucharíamos igual.

A esta altura ya tienes tu personalidad, tienes tus juguetes favoritos y hasta programas de TV favoritos. Porque eso sí, te gusta la tele. Te quedas pegada viendo Baby TV, el invento más maestro del universo. Casi, casi, te sientas solita apoyada por cojines. Pero si te vas para el lado te reincorporas y sigues jugando. Ya te salieron dientecitos de ratoncita, las dos paletas de abajo y estás a punto de comenzar a usarlas porque ya empezaremos con la comida de verdad en una semana más. Ahí te quiero ver.

Es increíble lo que aprendes en un día. Me voy en la mañana y cuando vuelvo en la tarde ya tienes hartos GB más de información en tu disco duro.


Te amamos mucho bebita. Sigue creciendo, que nosotros seguiremos admirándonos y siendo felices sólo viéndote mientras lo haces. La vida es buena.

martes, 14 de febrero de 2012

(Capitán) Futuro

Bebé… mi bebé. Estás tan grande, has aprendido tantas cosas. Ya tienes 4 meses y cada vez estás más linda. Y cada vez nos muestras más y más tu carácter.
Estás muy regalona, eso nos gusta pero nos asusta también. No te voy a negar lo rico que es regalonearte, abrazarte y darte besitos mientras tú con tus bracitos cortitos intentas “defenderte” o bien abrazar de vuelta. Es un golpe al corazón de tu pobre padre cuando con tus minúsculas manitos me haces cariño en las mías. Tú no lo sabes, simplemente las mueves creo por instinto intentando agarrar algo, que a la larga se convierte en mis pelos, pero asemejan cariñitos que me matan. Cada pequeño movimiento tuyo me enamora más de ti.

Hoy me siento tan unido a ti, tan irremediablemente ligado a tu vida que no puedo llegar siquiera a pensar qué haría si algún día te pasa algo, si algún día llegaras a faltarme. Es innegable y hasta obvio pensar lo dependiente que eres de nosotros, de tu mamá y de mí, que hacemos todo para que estés bien, te mudamos, te bañamos, te alimentamos. Pero y ¿qué hacemos si un día nos faltas? ¿Si un día no estás más con nosotros? Creo que nosotros dependemos más de ti de lo que piensas…

Tengo miedos. Muchos miedos. Quiero siempre estar ahí, siempre defenderte, siempre protegerte, evitarte todos los dolores y sufrimientos que finalmente son inevitables y a la vez valiosos como aprendizaje en tu vida.

Y, de repente, también me pregunto ¿qué harías tú si algún día te falto? ¿Me extrañarías? ¿Me recordarías? ¿Pensarías en mí?... ¿qué pasaría si tengo un accidente, si por X motivo no estoy más? Yo no puedo controlar eso. Aunque quisiera, no puedo asegurarte que siempre estaré contigo. Entonces ¿qué me queda? Me queda pensar que si no estoy alguien te contará que mientras estuvimos juntos te amé como a nada más en la vida y que por ti me corto un brazo, una pierna o lo que sea, sólo por verte sonreír una vez más.

En este momento duermes tranquila a mi lado, y daría todo porque el momento fuera eterno. Tú, durmiendo sin preocupaciones y yo siendo feliz simplemente al tener la posibilidad de verte mientras lo haces. De ver tu carita de bebé, tus manitos prefectas, tus cachetitos rosados… y aún de ésta forma que es irrompible, en esta calma que pareciera imperturbable, me angustio.

Probablemente muchas veces me va a tocar ser el malo de la película, el Darth Vader, el Lex Luthor, etc. Tal vez varias más voy a tener que decir “no”. Otras me vas a “odiar” o no entender por qué te niego algo o te pido hacerlo de forma diferente. Y supongo que tendré que aguantarlo nomás. Es mi deber ser fuerte, por ti y por tu mamá. Como hombre no tengo derecho a titubear, no tengo derecho a dudar ni muchas veces de detenerme a disfrutar. Así me lo enseñaron y así tiene que ser. Mi deber es darte todo lo que necesites, da lo mismo cómo. Mi deber es protegerte. Mi deber es cuidarte. Mi deber es amarte, para siempre.

Supongo que con tanta vuelta sólo quiero pedirte que me ames también. Y que si algún día te falto… me recuerdes. Que puedas ver fotos, videos, leer estas tontas cartas y pensar que mientras fuiste una bebé minúscula en mis manos, tu papá siempre te puso primero, que aún en estos cortos 4 meses de tu vida, ya te convertiste en mi mayor tesoro y mi mejor logro. Nada te supera.

Como dice la canción tu ya cambiaste el olor de mis mañanas, y no pretendo que eso se vaya.

Te amo con todo el poder del universo más un kame-hame-ha, y espero no fallarte nunca. Quédate al lado mío bebé. Para siempre. Y para siempre déjame estar al lado tuyo. Yo siempre querré estar ahí cuando me necesites. Te amo, te amo y te amo.

miércoles, 4 de enero de 2012

Dos mil doce

Así nomás. Ya es 2012. Pasaste tu primera Navidad y tu primer Año nuevo con nosotros, y aunque no tienes idea aún que significa cada cosa, te apuesto que las disfrutaste igual. 
Debiste haberlas disfrutado, porque pasaste en brazos en las dos celebraciones. En la primera, celebramos el nacimiento del Viejito Pascuero con tu abuela Paty, en su casa y con tus tías de Arica, cenamos temprano para que no trasnocharas y no pasaras frío (aunque es pleno verano). Recibiste no sé cuántos regalos, pero eran muchos, casi todos diría yo. Leonor acá, Leonor allá.

Después nos fuimos a nuestra casa y allá te visitaron tus otros abuelos, los del lado Rojo. Más regalos para ti, sumados a los que te hicimos nosotros. ¿Te cuento? Capaz que no te acuerdes. De nuestra parte recibiste tu primera silla de auto que no es huevito. Es más grande (cara), segura (cara) y pelo lais (cara), así que te vas a lucir ahora con ella (más te vale, porque era súper cara).

Pero quien nos ha dado el más grande regalo fuiste tú. Primero porque te tenemos todos los días para verte y disfrutarte, para besarte las manitos y ver tus sonrisas picaronas. Porque nosotros, tu mamá y yo, somos capaces de mover montañas por verte sonreír, capaces de subir al Everest por un besito tuyo, capaz de perderme un partido de Colo-Colo por un “agú” (por favor no digas muy seguido “agú”…), y así muchos sacrificios gigantes.

¿Y cómo recibiste tu primer cambio de año? En tu casa pues, esta vez con tus abuelos y tíos Rojo y tus bisabuelos también. De nuevo fuiste el centro de mesa. O sea, no haces nada, pero igual están todos pendientes de ti. Abres la boca y “aaaaggh”, balbuceas algo y “aaaaggh”, mueves un dedo y “aaaaaggh”, te tiras un pun y te lo aplauden (vas a ver como eso se pasa con el tiempo…).

Año nuevo, gracias nuevas. Cumpliste 3 meses de vida ya, hace una semana. Vieras cómo has crecido. Un par de datos:

Al nacer medías 50 cm, ahora ya mides 60 cm.
Al nacer pesabas 3,35 Kg, y ahora pesas 6,50 Kg.

¿Ves? Has crecido para todos lados. Y se nota. Ayer, sin ir más lejos, tomaste por primera vez un juguetito, lo miraste, apuntaste, estiraste la mano y agarraste el cascabel con tu manito chiquitita y gordita. Y casi haces que tú mamá y yo estallemos en llanto de felicidad. Imagínate cuando empieces a hablar. Es verdad eso del orgullo que se siente por los hijos aún con el más mínimo logro…

Además de eso, ya afirmas tu cuellito y cabeza y no imitas tanto a Don Francisco. Ves tele, te quedas pegada con el Baby channel y con Los Simpsons.

Y con tu sonrisa iluminas el mundo. No sé si es porque ya me reconoces o si sólo encuentras mi cara chistosa, o bien son sólo ideas mías, pero cuando llego del trabajo en la tarde y me ves, ¡te alegras tanto! Mueves los bracitos, me miras fijo y ¡te ríes!, y me derrites. Ahí mismo. Ya me convenciste de lo que sea que quieras convencerme.

Si supieras ahora cuanto te amamos, bebé. Si supieras todo lo que te miramos, aún deseosos de convencernos que en verdad te tenemos con nosotros…

Te amo, mi ex cuellito de tortuga.