miércoles, 4 de enero de 2012

Dos mil doce

Así nomás. Ya es 2012. Pasaste tu primera Navidad y tu primer Año nuevo con nosotros, y aunque no tienes idea aún que significa cada cosa, te apuesto que las disfrutaste igual. 
Debiste haberlas disfrutado, porque pasaste en brazos en las dos celebraciones. En la primera, celebramos el nacimiento del Viejito Pascuero con tu abuela Paty, en su casa y con tus tías de Arica, cenamos temprano para que no trasnocharas y no pasaras frío (aunque es pleno verano). Recibiste no sé cuántos regalos, pero eran muchos, casi todos diría yo. Leonor acá, Leonor allá.

Después nos fuimos a nuestra casa y allá te visitaron tus otros abuelos, los del lado Rojo. Más regalos para ti, sumados a los que te hicimos nosotros. ¿Te cuento? Capaz que no te acuerdes. De nuestra parte recibiste tu primera silla de auto que no es huevito. Es más grande (cara), segura (cara) y pelo lais (cara), así que te vas a lucir ahora con ella (más te vale, porque era súper cara).

Pero quien nos ha dado el más grande regalo fuiste tú. Primero porque te tenemos todos los días para verte y disfrutarte, para besarte las manitos y ver tus sonrisas picaronas. Porque nosotros, tu mamá y yo, somos capaces de mover montañas por verte sonreír, capaces de subir al Everest por un besito tuyo, capaz de perderme un partido de Colo-Colo por un “agú” (por favor no digas muy seguido “agú”…), y así muchos sacrificios gigantes.

¿Y cómo recibiste tu primer cambio de año? En tu casa pues, esta vez con tus abuelos y tíos Rojo y tus bisabuelos también. De nuevo fuiste el centro de mesa. O sea, no haces nada, pero igual están todos pendientes de ti. Abres la boca y “aaaaggh”, balbuceas algo y “aaaaggh”, mueves un dedo y “aaaaaggh”, te tiras un pun y te lo aplauden (vas a ver como eso se pasa con el tiempo…).

Año nuevo, gracias nuevas. Cumpliste 3 meses de vida ya, hace una semana. Vieras cómo has crecido. Un par de datos:

Al nacer medías 50 cm, ahora ya mides 60 cm.
Al nacer pesabas 3,35 Kg, y ahora pesas 6,50 Kg.

¿Ves? Has crecido para todos lados. Y se nota. Ayer, sin ir más lejos, tomaste por primera vez un juguetito, lo miraste, apuntaste, estiraste la mano y agarraste el cascabel con tu manito chiquitita y gordita. Y casi haces que tú mamá y yo estallemos en llanto de felicidad. Imagínate cuando empieces a hablar. Es verdad eso del orgullo que se siente por los hijos aún con el más mínimo logro…

Además de eso, ya afirmas tu cuellito y cabeza y no imitas tanto a Don Francisco. Ves tele, te quedas pegada con el Baby channel y con Los Simpsons.

Y con tu sonrisa iluminas el mundo. No sé si es porque ya me reconoces o si sólo encuentras mi cara chistosa, o bien son sólo ideas mías, pero cuando llego del trabajo en la tarde y me ves, ¡te alegras tanto! Mueves los bracitos, me miras fijo y ¡te ríes!, y me derrites. Ahí mismo. Ya me convenciste de lo que sea que quieras convencerme.

Si supieras ahora cuanto te amamos, bebé. Si supieras todo lo que te miramos, aún deseosos de convencernos que en verdad te tenemos con nosotros…

Te amo, mi ex cuellito de tortuga.

No hay comentarios:

Publicar un comentario