Estás muy regalona, eso nos gusta pero nos asusta también. No te voy a negar lo rico que es regalonearte, abrazarte y darte besitos mientras tú con tus bracitos cortitos intentas “defenderte” o bien abrazar de vuelta. Es un golpe al corazón de tu pobre padre cuando con tus minúsculas manitos me haces cariño en las mías. Tú no lo sabes, simplemente las mueves creo por instinto intentando agarrar algo, que a la larga se convierte en mis pelos, pero asemejan cariñitos que me matan. Cada pequeño movimiento tuyo me enamora más de ti.
Hoy me siento tan unido a ti, tan irremediablemente ligado a tu vida que no puedo llegar siquiera a pensar qué haría si algún día te pasa algo, si algún día llegaras a faltarme. Es innegable y hasta obvio pensar lo dependiente que eres de nosotros, de tu mamá y de mí, que hacemos todo para que estés bien, te mudamos, te bañamos, te alimentamos. Pero y ¿qué hacemos si un día nos faltas? ¿Si un día no estás más con nosotros? Creo que nosotros dependemos más de ti de lo que piensas…
Tengo miedos. Muchos miedos. Quiero siempre estar ahí, siempre defenderte, siempre protegerte, evitarte todos los dolores y sufrimientos que finalmente son inevitables y a la vez valiosos como aprendizaje en tu vida.
Y, de repente, también me pregunto ¿qué harías tú si algún día te falto? ¿Me extrañarías? ¿Me recordarías? ¿Pensarías en mí?... ¿qué pasaría si tengo un accidente, si por X motivo no estoy más? Yo no puedo controlar eso. Aunque quisiera, no puedo asegurarte que siempre estaré contigo. Entonces ¿qué me queda? Me queda pensar que si no estoy alguien te contará que mientras estuvimos juntos te amé como a nada más en la vida y que por ti me corto un brazo, una pierna o lo que sea, sólo por verte sonreír una vez más.
En este momento duermes tranquila a mi lado, y daría todo porque el momento fuera eterno. Tú, durmiendo sin preocupaciones y yo siendo feliz simplemente al tener la posibilidad de verte mientras lo haces. De ver tu carita de bebé, tus manitos prefectas, tus cachetitos rosados… y aún de ésta forma que es irrompible, en esta calma que pareciera imperturbable, me angustio.
Probablemente muchas veces me va a tocar ser el malo de la película, el Darth Vader, el Lex Luthor, etc. Tal vez varias más voy a tener que decir “no”. Otras me vas a “odiar” o no entender por qué te niego algo o te pido hacerlo de forma diferente. Y supongo que tendré que aguantarlo nomás. Es mi deber ser fuerte, por ti y por tu mamá. Como hombre no tengo derecho a titubear, no tengo derecho a dudar ni muchas veces de detenerme a disfrutar. Así me lo enseñaron y así tiene que ser. Mi deber es darte todo lo que necesites, da lo mismo cómo. Mi deber es protegerte. Mi deber es cuidarte. Mi deber es amarte, para siempre.
Supongo que con tanta vuelta sólo quiero pedirte que me ames también. Y que si algún día te falto… me recuerdes. Que puedas ver fotos, videos, leer estas tontas cartas y pensar que mientras fuiste una bebé minúscula en mis manos, tu papá siempre te puso primero, que aún en estos cortos 4 meses de tu vida, ya te convertiste en mi mayor tesoro y mi mejor logro. Nada te supera.
Como dice la canción tu ya cambiaste el olor de mis mañanas, y no pretendo que eso se vaya.
Te amo con todo el poder del universo más un kame-hame-ha, y espero no fallarte nunca. Quédate al lado mío bebé. Para siempre. Y para siempre déjame estar al lado tuyo. Yo siempre querré estar ahí cuando me necesites. Te amo, te amo y te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario