viernes, 20 de julio de 2012

Y entonces, me dijiste “papá”

Así nomás. Y me quebró. Lo reconozco, es de hombrecito hacerlo. Fue inevitable soltar una lagrimilla varonil en el momento en que me doy cuenta que ya me reconoces, sabes perfectamente quien soy y con una sonrisa, unas palmaditas en el brazo y con tus ojitos brillantes y redonditos me miraste fijamente y dijiste: “papá”
Y tan fácil como eso, con 4 letras, 2 sílabas, una palabrita, lograste apretarme el corazón con una fuerza que no conocía hasta el momento.

Inolvidable.

Alguien podría decir que fue un reflejo, una tontera, un repetir de un vocablo que aún no tiene mucho sentido, pero yo sé que no, tu mamá sabe que no, estuvimos ahí y estamos seguros de que cuando lo dijiste tu cabecita sí le dio sentido y ya sabes cómo llamarme. Y es que justamente el día anterior, grabamos un video en el que también me ves a lo lejos y gritas señalándome: “papapa”

Pero no puedo decir que es ni lo primero ni lo único que dices, y que por cierto dices con sentido, porque también un “mamá” se te ha escapado cuando la ves o estás con ella.

Y aún cuando te cuenten y te digan lo maravilloso que es, nada se le acerca, nada se compara y nada te prepara para esto. Es grande, muy grande, te agarra, te sacude, te eleva en el aire, te abraza, te encierra, te aprieta, te envuelve y cuando termina, en verdad no termina… está recién empezando a darte tiempo para comprender lo que acaba de pasar. Me dijiste “papá”… y aunque no pensara que fuese posible, de nuevo, me enamoraste.

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