miércoles, 6 de noviembre de 2013

Far, far away.

Ayer tuve que nuevamente deslizarme con cuidado bajo las sábanas, intentando no levantarlas para no destaparte, sentarme con cuidado para ponerme las pantuflas y prender sólo una luz tenue. Abrir las puertas del clóset a 0.5 Km/h y cerrarlas en modo ninja, meterme a oscuras al baño, ducharme, vestirme y echar las últimas cosas a la maleta, todo en silencio. Y ya sin más excusas para darme vueltas inútiles en la pieza y demorar la salida llega el momento que he estado evitando: la despedida.

Es una despedida injusta, sobre todo para ti, porque sólo me despido yo. Siempre es el mismo ritual. Me siento despacio al lado tuyo, te hago cariño en el pelo y en la guatita, me acerco y huelo tu pelo, tu cuello, trato de robar lo más posible de tu aroma para que me dure los días que no te veré, pero nunca es suficiente. De nuevo una caricia y un beso en la frente mientras aún duermes tranquilita, sin saber ni entender todo esto que te cuento. Y esto, que parece tan simple, tan rutinario, tan liviano, no lo es. Es lo más difícil del mundo.

Despedirme en silencio, a oscuras, sabiendo que no te veré en varios días es terrible.

Luego, lo mismo de siempre. Tu mamá me cuenta que despertaste llorando, preguntando por mí al darte cuenta que mi lado de la cama está vacío (el que me dejas, porque siempre me queda sólo la orillita) y ya quiero devolverme a casa. A ti. A ustedes.

De esto ya llevamos un par de meses, 3 si no me equivoco. Varias idas y venidas, varias despedidas y varios abrazos y risitas nerviosas cuando nos vemos de nuevo. Prometimos que no sería tanto tiempo, pensamos que sería más fácil, que nos acostumbraríamos y que valdría la pena. Nos mentimos a nosotros mismos diciendo que era lo mejor, que el esfuerzo de estar lejos nos daría la oportunidad de ahorrar y de asegurar que no te falte nada. Y no te hace falta nada. Excepto yo. Excepto caminar por la calle y que puedas darle una mano a tu mamá y la otra a mí, como te gusta. Excepto estar juntos siempre, como debiera ser.

Y ahora que viene tu hermano/a la mentira parece más cierta, la justificación parece más correcta y sería fácil creer que en verdad es lo mejor estar así, trabajo seguro, ganar más plata, tener buen pasar económico, por ti y por el bebé que viene… ¿y de qué sirve si no estamos juntos?

¿Te acostumbras a esto? ¿Cada vez que nos vemos crees que me quedaré? ¿O cada vez que despiertas sin mi crees que no volveré?

No lo sabes ahora, pero cuando leas esto sabrás que siempre volví.  Y que haya durado mucho o poco esto de estar lejos, al final siempre volvemos a estar juntos. Tú, tu hermano/a, tu mamá y yo. Los 4.


Las echo mucho de menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario